Hace que no me paso por aquí mucho, mucho tiempo como es
debido y lo echaba de menos. Echaba de menos tener algo de tiempo para invertir
en mí y me refiero en aquello que me gusta, no en estudiar. No, no, sí me gusta
estudiar y es para mí, para mi futuro, pero, si has terminado todos los exámenes
que te esperaban en el calendario y puedes variar un poco, mejor que mejor. Sobre
todo con todo aprobado. Es un alivio poder respirar ya tranquila.
Sé cuanto he dado que mí en este semestre (que no ha sido
mucho, reconozco mi culpa) y comparándolo con mis notas, se corresponde, por lo
que no me carcome la conciencia de notas tan bajas (yo que siempre he sido de
notables bien altos o sobresalientes). Ahora ya sé el grado de dedicación que
se necesita para subir las notas de los futuros exámenes. Ese es mi propósito,
a corto plazo.
Olvidándonos de esta semana infernal de madrugar tanto para
estudiar, no dormir por estudiar y un montón de tareas infinitas, por fin tengo
tiempo. Tiempo en positivo. Desde que entré por la puerta de la Facultad solo
me oía “No tengo tiempo”, pero ahora tengo casi un mes de vacaciones. Vivan los
descansos.
Me esperan varios concursos literarios a los que concursaré,
no se me ocurrirá no pasar la oportunidad pues tengo como 2 documentos de Word sin
acabar de escribir y unas 3 hojas con poemas por retocar. Y mi novela
paralizada, qué horror. ¿Me he dejado mucho o me lo parece a mí? Leer. Oh, la
lectura. Por suerte he podido leer un par de libros que nos
encomendó leer un profesor para comentarlos. Si no, no hubiera tocado ninguno
con tantas tareas. No, no mandan deberes como si fuese el instituto, pero es
muy diferente y a mí, me pilló algo desprevenida. Aún recuerdo que solo una
asignatura me llevaba toda la tarde y no me explicaba el porqué, ni me gustaba.
Y la música. Dios mío, por fin mis altavoces vibran en mi cuarto. Volumen a tope y una lista de
reproducción caótica sonando aleatoriamente. Música infernal como suena ahora
mismo Rammstein o Apocalyptica. ¿Marilyn Manson? También. Pero también música tan
relajada como el piano y el violín. Veamos, ¿Chopin? ¿Mozart? No sé, pero música clásica, música de todos los tipos habidos y por haber. Espera, no. Reggaetón y
rap me los ahorro, urg.
Aún mis dos escritorios están llenos de libros y apuntes de Economía
o Historia o Teoría desperdigados sin clips que los ordenen, pero en breve
serán sustituidos por una caja de pinturas, los dibujos que no acabé este
verano, mis borradores para los poemas y la montaña de libros que tengo
pendiente y que leeré con mucho gusto. Oh, y las recetas de repostería que me
han conquistado y pienso cocinar este mismo fin de semana. Esta es mi meta → (CLIC).
Mi prima de 13 años me adorará después de hacer esa tarta.
Allá voy. A saborear lo que era el tiempo libre.


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