Qué bello y estremecedor es tu amor,
tus verdaderas palabras,
qué hermosas son tus melodías,
¿cómo podría yo superarlas..?
Gran principe de Tinieblas,
acomódame hoy en tu regazo protector
para recuperar mis alas,
para poder componer, también, estremecedoras palabras.
¿Quién soy yo para objetar?
Dime qué bello ser soy yo para amar,
cuéntame, Dios de los Avernos,
tu secreto para lejos y rápido volar,
posándome a tu lado, melodiosa, como un pájaro al cantar.
No me juzges por mentir,
dulce Ángel de los Cielos,
me eres esencial para vivir.
Siento agradecer, pero
¿qué decirte si cumples promesas y sueños?
¿si ves sonrisas y calmados anhelos?
Amándote desde mi sueño hasta mi despejo...
Rezo porque mi Cielo Dorado no sea un efímero reflejo,
que no sean solo que destellos en la noche
que brindan belleza, amor y dulzura
a una pequeña chica que te acompaña en las alturas.
martes, 17 de enero de 2012
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