La pálida luna creciente
saluda al oscuro manto helado, sonriente,
radiante la pura blanca luna
que tan solo deseaba fortuna
y un día, el deseo cumplió tenebrosa mujer;
¡qué pelo aquel!, sedosa tela de tejer.
Enviada por misericordiosos ángeles
de tan puras lágrimas vírgenes,
la pálida luna engarzada,
despierta, en la mar salada reflejada.
«¡Pálida luna creciente!,
de los ángeles del infierno soy descendiente.
Ven aquí, siéntate, relájate y disfruta
de la dis-cordura que te regalo... absoluta.»
La mujer apartó mantos de temores,
reforzó recuerdos de eternidades,
iluminó sus ojos de dulzura
al tiempo que la locura
posaba sus labios de carmín
sobre la creciente luna carmesí.
La escarlata luna creciente
mostraba sus rojos ojos brillantes
encendiendo nebulosas de varios colores,
sintiendo su felicidad colmada
al ver la virgen lágrima derramada.
La plácida luna decreciente
duerme sonriendo inconsciente
sobre la bella mujer morena,
que siendo del mar la sirena,
escribió poemas con placer sobre la arena.
For: Vladimir Johnson.
By: Daisy Petrova.
miércoles, 25 de abril de 2012
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