Estaba decidido. Eran tan solo las 7 de la mañana pero el sol lucía entre las nubes y tenía claro lo que iba a hacer que cambiaría toda su vida. Subió al desván y se acercó a su pequeño escritorio colmado de papeles, tomó la pluma entre sus dedos y un perfecto rectángulo de papel color crema; deslizó la punta de su instrumento estilográfico por el papel trazando líneas y curvas que formaban las palabras. Minutos después solo se oyó un sonido que quebró todos los demás.
Pum.
Un diminuto corazón en una enorme y bella ciudad dejó de latir, dejando en el polvoroso suelo una nota:
“Sara, sé que te hice aquella promesa de continuar, de olvidarte y de…vivir… pero ya he comprobado que es inútil proponerse estos retos… Voy contigo, mi pequeña, espero que no leas esta nota; tú también habrías roto la promesa de no buscarme...
Aaron Corvin”


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