He visto un resplandor frío y nórdico
completamente inmersa en densos bosques,
en poderosos recuerdos de mi día de ayer.
Dejándome perdida entre desconocidos ángeles, rogué:
- ¡Estrella, quédate conmigo!
Vislumbré una bruma al anochecer
y ese cielo me cantaba celestino
con tonos de intenso jade, joya de querer.
Sintiéndome completa de júbilo, supliqué:
- ¡Estrella, quédate conmigo!
Recuerdo confundir las nubes
llenas de matices coloridos,
con ángeles dorados.
¿O tal vez demonios alados? Grité:
- ¡Estrella, quédate conmigo!
Cansada, me acosté junto al lago
contemplando el irónico espacio
negro aterciopelado, azul fogueado.
Fugaz, dejó su rastro en mi sonrisa, imploré:
- ¡Estrella, quédate conmigo!
A la llegada del solsticio,
muerta y triste quedaba una mariposa posada
en un manzano rubí.
con atención, oí:
- ¡Estrella, se feliz!
jueves, 19 de enero de 2012
martes, 17 de enero de 2012
Mi cielo dorado.
Qué bello y estremecedor es tu amor,
tus verdaderas palabras,
qué hermosas son tus melodías,
¿cómo podría yo superarlas..?
Gran principe de Tinieblas,
acomódame hoy en tu regazo protector
para recuperar mis alas,
para poder componer, también, estremecedoras palabras.
¿Quién soy yo para objetar?
Dime qué bello ser soy yo para amar,
cuéntame, Dios de los Avernos,
tu secreto para lejos y rápido volar,
posándome a tu lado, melodiosa, como un pájaro al cantar.
No me juzges por mentir,
dulce Ángel de los Cielos,
me eres esencial para vivir.
Siento agradecer, pero
¿qué decirte si cumples promesas y sueños?
¿si ves sonrisas y calmados anhelos?
Amándote desde mi sueño hasta mi despejo...
Rezo porque mi Cielo Dorado no sea un efímero reflejo,
que no sean solo que destellos en la noche
que brindan belleza, amor y dulzura
a una pequeña chica que te acompaña en las alturas.
tus verdaderas palabras,
qué hermosas son tus melodías,
¿cómo podría yo superarlas..?
Gran principe de Tinieblas,
acomódame hoy en tu regazo protector
para recuperar mis alas,
para poder componer, también, estremecedoras palabras.
¿Quién soy yo para objetar?
Dime qué bello ser soy yo para amar,
cuéntame, Dios de los Avernos,
tu secreto para lejos y rápido volar,
posándome a tu lado, melodiosa, como un pájaro al cantar.
No me juzges por mentir,
dulce Ángel de los Cielos,
me eres esencial para vivir.
Siento agradecer, pero
¿qué decirte si cumples promesas y sueños?
¿si ves sonrisas y calmados anhelos?
Amándote desde mi sueño hasta mi despejo...
Rezo porque mi Cielo Dorado no sea un efímero reflejo,
que no sean solo que destellos en la noche
que brindan belleza, amor y dulzura
a una pequeña chica que te acompaña en las alturas.
lunes, 2 de enero de 2012
Al momento de caer...
Situada en el borde de la eternidad,
la oscuridad que gira a mi alrededor
está a punto de hacer que me hunda.
Finalmente extiendo mis alas
para volar hacia el cielo,
sin embargo el negro es tan acogedor...
Hago señas en una tentación oscura.
Corazón latiendo,
plumas temblando,
lágrimas derramándose.
Eso es...
Vida o muerte.
Sufrir sin volar
o volar y ser libre...
Quiero lanzarme al agua
y sentir libertad.
la oscuridad que gira a mi alrededor
está a punto de hacer que me hunda.
Finalmente extiendo mis alas
para volar hacia el cielo,
sin embargo el negro es tan acogedor...
Hago señas en una tentación oscura.
Corazón latiendo,
plumas temblando,
lágrimas derramándose.
Eso es...
Vida o muerte.
Sufrir sin volar
o volar y ser libre...
Quiero lanzarme al agua
y sentir libertad.
domingo, 1 de enero de 2012
Regina.
[Para leerlo en la versión PDF, haz click aquí]
Pasos. Su cabello flotando en el aire nocturno. Una puerta que se abre y una habitación que respira soltando una vaharada de humo blanco. Gritos y gemidos mezclándose entre el aroma denso del opio. Ruidos de tacones altos en un suelo. Tac, tac, tac.
Ella entra en escena, rodeada de un aura de peligro y poder. Ropa negra cubre su cuerpo perfecto, su melena oscura y rojiza captura la escasa luz, ojos dorados desdeñosos se pasean por los rincones repletos de yonquis que reptan buscando aferrarse a sus largas piernas. Los aparta con un simple toque con la punta del zapato y ellos vuelven arrastrándose a la oscuridad donde les corresponde estar.
-Gusanos.
Ella es, indiscutiblemente, la Reina de ese inframundo. Con la barbilla alta, Regina pasa sin hacer caso de los susurros reverentes que brotan de las gargantas de sus vasallos. La piel nívea de su escote refleja las luces halógenas del corredor y su mirada de largas pestañas se dirige al frente, siempre al frente, olvidando o no sabiendo cuántas vidas deja atrás.
Todos los que se encuentran allí esta noche pidieron un crédito a Regina y lo avalaron con su belleza, pero el plazo expiró sin haber saldado la deuda y terminaron entregando su vida y la felicidad de quienes le rodeaban para pasar al menos unos minutos a solas con ella. Cada uno de ellos sufre cuando Regina no se presenta ante ellos, sudan, tiemblan, lloran y gritan sintiendo el fuego en las venas y las náuseas en el vientre. Algunos caen desvanecidos o presas de alucinaciones en los que Regina se les presenta, envuelta por su misterio y llamándoles con voz de sirena y una sonrisa seductora en los labios.
Todos desean huir del reino y enterrar en lo más hondo de su memoria el recuerdo de Regina, pero ninguno es capaz de pasar más de unos días sin ella. Entonces acuden al reino buscando sentirse vivos nuevamente gracias a ella.
Regina avanza, felina, sintiendo un secreto desprecio por los cuerpos secos de los que una vez fueron hermosos y prometedores y se dejaron devorar por el monstruo hambriento de la decadencia, conquistados por la voz que les pedía el alma a cambio de delirios de grandeza.
El suelo se estremece bajo sus pies calzados con tacones kilométricos, las paredes color vicio se agrietan y el aire se corta con su perfume. Entre todos los espectros, abriéndose paso entre toda esa decadencia, Regina camina. Tac, tac, tac.
Regina observa con oculta curiosidad de reojo a los sirvientes pacientes al lado de su recinto de trabajo en aquel antro. Con movimientos asombrosamente perfectos y calculados pasa a su despacho, muebles viejos y pobres, enmohecidos en su interior lo decoran. Goteras y arañas colman el techo en el que una lámpara de cristal tintinea con el leve viento del ambiente. Regina, felina y perfecta, descansa recostándose en el borde del escritorio mirando su primer siervo libre, del exterior, requiriendo un préstamo.
Es alto, apuesto, su pelo castaño brillaba tenue como cobre en la estancia, ojos negros. La Reina actúa sobre sus límites, rompiéndolos, haciéndole ser presa de sus mayores deseos, haciendo que sean incontrolables. La daga, propiedad de la Reina que descansaba en el escritorio, perfecta y elegante como la dueña; acabó en manos del joven. Se acercó a ella, seguro de sí mismo, rodeándola con un solo brazo el cuerpo, sentándola sobre el escritorio. Regina mostraba una sonrisa inquietante, brillante, como el filo de la daga que el muchacho paseaba por sus piernas, muslos...levantando el ya corto atuendo de la chica.
Sus ojos negros ardían el deseo que ella misma le dio, el mismo con el que ella jugaría a aumentarlo, y después, hacerlo añicos para soltarlo después al aire de aquel lugar, para que todos respiraran deseos inalcanzables de ella.
Jugó una vez más, jugó a ese juego que le encantaba. Robarles la mirada, el contacto, el deseo, la lujuria, la felicidad, el dolor de saber que han fracasado, la vida, el alma.
Levantando sus piernas, clavó casi con dulzura sus tacones en su pecho, empujándole hacia la pared húmeda, desconchada. Era el momento de más poder e importancia del mortal, de un hermoso joven que se secaría igual que los demás... La daga que el joven soltó, cayó en la delicada mano de Regina, empuñándola con elegancia y peligro. Con un levísimo movimiento de muñeca, lanzó la cuchilla, clavándola exactamente en la pared, arañando la yugular del chico. Sentimientos en tropel emanaban de esa fina línea de sangre que resbalaba por la clavícula del joven... Aún deseo, pasión, frustración, necesidad, error... humano. Regina relamía sus labios de forma sensual, sonriendo fiera, observando su obra de arte.
El muchacho, ya con la mirada carente de luz y sentimiento personal, puro, de él; se encaminó hacia el asqueroso antro lleno de desesperación, deseo y droga que tanto despreciaba la Reina.
Un chico nuevo de su misma edad, con el cabello dorado oscuro, la ofrecía una de sus mejores sonrisas y unos ojos brillantes, como luces marrones verdosas encendidas de par en par. Regina se apartó el sedoso cabello para leer esa luz, clavando el oro sólido de sus ojos en él. Ansia, deseo de tenerla, de servirla, afecto, lujuria contenida, alejada de su mente... Rosas. Regina captaba un agradable olor a rosas, que mezclado con el humo del local lo hacía más penetrante.
Bajó los ojos a sus manos, en las que había tres rosas, perfectas. La primera de ellas era azul, azul lleno de pureza pero oscurecido, un azul fresco. Los pétalos de aquella hermosa planta tenían pequeñas gotas de cristalina agua, parecían estar congeladas. La siguiente flor era blanca, pura, inmaculada, frágil al estar aún en capullo. Se apreciaba que sería bella y brillante, dorada en su centro, hermosa.
La última rosa, que cautivó a Regina, era como ella, hermosa y oscura, sin perder su brillo propio. Era de un rojo tan aterciopelado y oscuro que rozaba la perfección, las tinieblas rojizas de su cabello... pero de misteriosas maneras sus bordes levemente dorados resaltaban en ella, en ellas.
Regina rozó la mano del muchacho al coger la rosa; suspiró, un suspiro placentero, de sueños cumplidos y ansias calmadas pero en aumento. La frágil piel nívea de la Reina fue atravesada por una de las espinas de la flor, haciendo surgir una roja gota de su dedo, pasión.
Los ojos del chico se tornaron tristes, al borde de la rabia y el odio al ver herida a la Reina. Separó sus labios para hablar, pero los rápidos dedos de Regina se posaron sobre ellos, depositando esa gotita roja en su boca.
Una vez más y como siempre, todos los sentimientos del joven se quedaban en nada, eran polvo, cenizas resultadas del abrasador deseo de ella, sus delirios y alucinaciones. Obediente, otro cuerpo más, otra vida, otra alma más se dirigía a sus dominios, putrefacta, podrida... corrompida.
-Patético.
Ofreció a la rosa que había elegido un frasco con agua limpia, con restos ocultos de estupefacientes, ya que antes contenía heroína. Regina se imaginó una flor como ella: bella, perfecta, con la adicción por su tallo y sus pétalos. Insuperable.
Repentinamente, unas manos de hombre acariciaban la cintura de Regina, su espalda estaba pegada al cuerpo levemente musculoso del joven, sus manos subían y bajaban por su cadera. Regina suspiró, la gustó, la gustaba, la había sorprendido. El chico tuvo que oírla, la pegó todavía más contra él, subiendo más las manos, perfilando el contorno de su cuerpo con delicadeza, cariño y deseo, repitiendo el proceso a la contra. Los dedos del joven en las caderas de la chica ganaron protagonismo, apretaron con algo de fuerza su piel al tiempo que olía su cabello. Regina sonreía con los ojos cerrados, dejando cautivar al muchacho que aún no había visto.
Con rapidez, delicadeza pero con ganas incontenibles, el muchacho dio la vuelta a Regina, encontrándose con su rostro a pocos centímetros. Era galán, con el negro cabello enmarañado pero encantador, rebelde, y unos ojos casi igual de dorados que los de ella. Estaban llenos de deseo, de valor, de decisión, de pequeñas chispas de lujuria, de... amor. Los ojos de Regina intentaban parecer objetivos, fríos, pero el sólido oro que hacía su color se estaba convirtiendo en miel derretida solo con mirar esos ojos...
Regina se sentía en éxtasis y al tiempo enfadada porque alguien consiguiera cautivarla; sujetó sus mejillas y le besó.
Un beso de la Reina sería un paraíso pero después los delirios y deseos acababan con el mortal, llevándole a las puertas de la muerte en solo minutos. El beso era hambriento por ambas partes, dulce en sabor, silencioso, apasionado, compartido. No corría el aire entre los dos cuerpos pegados, nada.
Regina separó su boca de la del joven para mirar como sus ojos ardían antes de que su corazón se parase, algo delicioso, pero... Sonreía.
Sonreía al tiempo que llevaba su dedo pulgar a los labios de Regina para correrla el carmín, acariciándola el rostro con los demás dedos, al tiempo que se volvía a acercar a su boca. Regina sonrió, rió, casi gritó mientras le mordía sin demasiado cuidado el labio al muchacho.
Lo había encontrado.
Era él.
Sin duda... era él.
Es él.
Pasos. Su cabello flotando en el aire nocturno. Una puerta que se abre y una habitación que respira soltando una vaharada de humo blanco. Gritos y gemidos mezclándose entre el aroma denso del opio. Ruidos de tacones altos en un suelo. Tac, tac, tac.
Ella entra en escena, rodeada de un aura de peligro y poder. Ropa negra cubre su cuerpo perfecto, su melena oscura y rojiza captura la escasa luz, ojos dorados desdeñosos se pasean por los rincones repletos de yonquis que reptan buscando aferrarse a sus largas piernas. Los aparta con un simple toque con la punta del zapato y ellos vuelven arrastrándose a la oscuridad donde les corresponde estar.
-Gusanos.
Ella es, indiscutiblemente, la Reina de ese inframundo. Con la barbilla alta, Regina pasa sin hacer caso de los susurros reverentes que brotan de las gargantas de sus vasallos. La piel nívea de su escote refleja las luces halógenas del corredor y su mirada de largas pestañas se dirige al frente, siempre al frente, olvidando o no sabiendo cuántas vidas deja atrás.
Todos los que se encuentran allí esta noche pidieron un crédito a Regina y lo avalaron con su belleza, pero el plazo expiró sin haber saldado la deuda y terminaron entregando su vida y la felicidad de quienes le rodeaban para pasar al menos unos minutos a solas con ella. Cada uno de ellos sufre cuando Regina no se presenta ante ellos, sudan, tiemblan, lloran y gritan sintiendo el fuego en las venas y las náuseas en el vientre. Algunos caen desvanecidos o presas de alucinaciones en los que Regina se les presenta, envuelta por su misterio y llamándoles con voz de sirena y una sonrisa seductora en los labios.
Todos desean huir del reino y enterrar en lo más hondo de su memoria el recuerdo de Regina, pero ninguno es capaz de pasar más de unos días sin ella. Entonces acuden al reino buscando sentirse vivos nuevamente gracias a ella.
Regina avanza, felina, sintiendo un secreto desprecio por los cuerpos secos de los que una vez fueron hermosos y prometedores y se dejaron devorar por el monstruo hambriento de la decadencia, conquistados por la voz que les pedía el alma a cambio de delirios de grandeza.
El suelo se estremece bajo sus pies calzados con tacones kilométricos, las paredes color vicio se agrietan y el aire se corta con su perfume. Entre todos los espectros, abriéndose paso entre toda esa decadencia, Regina camina. Tac, tac, tac.
Regina observa con oculta curiosidad de reojo a los sirvientes pacientes al lado de su recinto de trabajo en aquel antro. Con movimientos asombrosamente perfectos y calculados pasa a su despacho, muebles viejos y pobres, enmohecidos en su interior lo decoran. Goteras y arañas colman el techo en el que una lámpara de cristal tintinea con el leve viento del ambiente. Regina, felina y perfecta, descansa recostándose en el borde del escritorio mirando su primer siervo libre, del exterior, requiriendo un préstamo.
Es alto, apuesto, su pelo castaño brillaba tenue como cobre en la estancia, ojos negros. La Reina actúa sobre sus límites, rompiéndolos, haciéndole ser presa de sus mayores deseos, haciendo que sean incontrolables. La daga, propiedad de la Reina que descansaba en el escritorio, perfecta y elegante como la dueña; acabó en manos del joven. Se acercó a ella, seguro de sí mismo, rodeándola con un solo brazo el cuerpo, sentándola sobre el escritorio. Regina mostraba una sonrisa inquietante, brillante, como el filo de la daga que el muchacho paseaba por sus piernas, muslos...levantando el ya corto atuendo de la chica.
Sus ojos negros ardían el deseo que ella misma le dio, el mismo con el que ella jugaría a aumentarlo, y después, hacerlo añicos para soltarlo después al aire de aquel lugar, para que todos respiraran deseos inalcanzables de ella.
Jugó una vez más, jugó a ese juego que le encantaba. Robarles la mirada, el contacto, el deseo, la lujuria, la felicidad, el dolor de saber que han fracasado, la vida, el alma.
Levantando sus piernas, clavó casi con dulzura sus tacones en su pecho, empujándole hacia la pared húmeda, desconchada. Era el momento de más poder e importancia del mortal, de un hermoso joven que se secaría igual que los demás... La daga que el joven soltó, cayó en la delicada mano de Regina, empuñándola con elegancia y peligro. Con un levísimo movimiento de muñeca, lanzó la cuchilla, clavándola exactamente en la pared, arañando la yugular del chico. Sentimientos en tropel emanaban de esa fina línea de sangre que resbalaba por la clavícula del joven... Aún deseo, pasión, frustración, necesidad, error... humano. Regina relamía sus labios de forma sensual, sonriendo fiera, observando su obra de arte.
El muchacho, ya con la mirada carente de luz y sentimiento personal, puro, de él; se encaminó hacia el asqueroso antro lleno de desesperación, deseo y droga que tanto despreciaba la Reina.
Un chico nuevo de su misma edad, con el cabello dorado oscuro, la ofrecía una de sus mejores sonrisas y unos ojos brillantes, como luces marrones verdosas encendidas de par en par. Regina se apartó el sedoso cabello para leer esa luz, clavando el oro sólido de sus ojos en él. Ansia, deseo de tenerla, de servirla, afecto, lujuria contenida, alejada de su mente... Rosas. Regina captaba un agradable olor a rosas, que mezclado con el humo del local lo hacía más penetrante.
Bajó los ojos a sus manos, en las que había tres rosas, perfectas. La primera de ellas era azul, azul lleno de pureza pero oscurecido, un azul fresco. Los pétalos de aquella hermosa planta tenían pequeñas gotas de cristalina agua, parecían estar congeladas. La siguiente flor era blanca, pura, inmaculada, frágil al estar aún en capullo. Se apreciaba que sería bella y brillante, dorada en su centro, hermosa.
La última rosa, que cautivó a Regina, era como ella, hermosa y oscura, sin perder su brillo propio. Era de un rojo tan aterciopelado y oscuro que rozaba la perfección, las tinieblas rojizas de su cabello... pero de misteriosas maneras sus bordes levemente dorados resaltaban en ella, en ellas.
Regina rozó la mano del muchacho al coger la rosa; suspiró, un suspiro placentero, de sueños cumplidos y ansias calmadas pero en aumento. La frágil piel nívea de la Reina fue atravesada por una de las espinas de la flor, haciendo surgir una roja gota de su dedo, pasión.
Los ojos del chico se tornaron tristes, al borde de la rabia y el odio al ver herida a la Reina. Separó sus labios para hablar, pero los rápidos dedos de Regina se posaron sobre ellos, depositando esa gotita roja en su boca.
Una vez más y como siempre, todos los sentimientos del joven se quedaban en nada, eran polvo, cenizas resultadas del abrasador deseo de ella, sus delirios y alucinaciones. Obediente, otro cuerpo más, otra vida, otra alma más se dirigía a sus dominios, putrefacta, podrida... corrompida.
-Patético.
Ofreció a la rosa que había elegido un frasco con agua limpia, con restos ocultos de estupefacientes, ya que antes contenía heroína. Regina se imaginó una flor como ella: bella, perfecta, con la adicción por su tallo y sus pétalos. Insuperable.
Repentinamente, unas manos de hombre acariciaban la cintura de Regina, su espalda estaba pegada al cuerpo levemente musculoso del joven, sus manos subían y bajaban por su cadera. Regina suspiró, la gustó, la gustaba, la había sorprendido. El chico tuvo que oírla, la pegó todavía más contra él, subiendo más las manos, perfilando el contorno de su cuerpo con delicadeza, cariño y deseo, repitiendo el proceso a la contra. Los dedos del joven en las caderas de la chica ganaron protagonismo, apretaron con algo de fuerza su piel al tiempo que olía su cabello. Regina sonreía con los ojos cerrados, dejando cautivar al muchacho que aún no había visto.
Con rapidez, delicadeza pero con ganas incontenibles, el muchacho dio la vuelta a Regina, encontrándose con su rostro a pocos centímetros. Era galán, con el negro cabello enmarañado pero encantador, rebelde, y unos ojos casi igual de dorados que los de ella. Estaban llenos de deseo, de valor, de decisión, de pequeñas chispas de lujuria, de... amor. Los ojos de Regina intentaban parecer objetivos, fríos, pero el sólido oro que hacía su color se estaba convirtiendo en miel derretida solo con mirar esos ojos...
Regina se sentía en éxtasis y al tiempo enfadada porque alguien consiguiera cautivarla; sujetó sus mejillas y le besó.
Un beso de la Reina sería un paraíso pero después los delirios y deseos acababan con el mortal, llevándole a las puertas de la muerte en solo minutos. El beso era hambriento por ambas partes, dulce en sabor, silencioso, apasionado, compartido. No corría el aire entre los dos cuerpos pegados, nada.
Regina separó su boca de la del joven para mirar como sus ojos ardían antes de que su corazón se parase, algo delicioso, pero... Sonreía.
Sonreía al tiempo que llevaba su dedo pulgar a los labios de Regina para correrla el carmín, acariciándola el rostro con los demás dedos, al tiempo que se volvía a acercar a su boca. Regina sonrió, rió, casi gritó mientras le mordía sin demasiado cuidado el labio al muchacho.
Lo había encontrado.
Era él.
Sin duda... era él.
Es él.
sábado, 31 de diciembre de 2011
Adiós 2011. Hola 2012.
Despidamos un año más a las eternidades que ya han pasado.
Respiremos buenos deseos llenos de magia y afrontemos con prundencia, ganas y fuerzas tantos años (y eternidades) que nos quedan por delante.
Feliz vida, amigos mios, Fantasmas y Demonios, Ángeles, Dioses.
Aurelya Danssar.
Respiremos buenos deseos llenos de magia y afrontemos con prundencia, ganas y fuerzas tantos años (y eternidades) que nos quedan por delante.
Feliz vida, amigos mios, Fantasmas y Demonios, Ángeles, Dioses.
Aurelya Danssar.
martes, 13 de diciembre de 2011
Euphorya.
- Mi inmortal, permíteme una vez más conocerte,
entenderte desde cero, volviendo a sentirte.
A sentir todo aquello que lo mundano me ha robado
todo ese amor que no soy capaz de comprender
por mi joven, inocente e ignorante humanidad...
<< No ruegues, dulce ángel de mi alma,
lo has tenido siempre, ese amor,
incluso ahora tan imperfectamente preciosa.
Déjame... Permíteme ampliar tus hermosas locuras,
ofréceme tu mano para ver mundo(s).>>
- Te ofrezco hasta mi vida, tenla, es tuya cariño...
Entra en mi mente, asalta mi vida, posee mi alma
porque iría hasta el Fin de los Tiempos si por ti se trata.
Querido, dime... ¿Cómo... cómo puedo verte, sentirte...?
Te necesito como el respirar...
<< Atesora cada sensación ya que es mi más cultivado poder.
Se sagaz, querida mía, paciente y fuerte, ¿por qué?
Como en aquella playa, durante aquel baile, en aquel lago...
Como siempre, me has recordado
olvidándote de lo demás.>>
- ¿Qué he hecho para tener este regalo en vida?
¿Cómo haces que sienta tanto siendo tan poco?
No me dejes sola en el camino, Demonio Alado,
porque regresaré junto a ti, estarás orgulloso después.
Cántame... hasta que duerma al fin, despertando eternamente contigo.
<< Basta de preguntas, mi universo.
Mi pequeña Estrella, brilla y que todos te admiren,
se fiera y perfecta como Fuego de Luz y Tinieblas que eres.
Sé que volverás, te esperaré.
Hasta entonces... que los Demonios te amparen, mi amor.>>
♫

entenderte desde cero, volviendo a sentirte.
A sentir todo aquello que lo mundano me ha robado
todo ese amor que no soy capaz de comprender
por mi joven, inocente e ignorante humanidad...
<< No ruegues, dulce ángel de mi alma,
lo has tenido siempre, ese amor,
incluso ahora tan imperfectamente preciosa.
Déjame... Permíteme ampliar tus hermosas locuras,
ofréceme tu mano para ver mundo(s).>>
- Te ofrezco hasta mi vida, tenla, es tuya cariño...
Entra en mi mente, asalta mi vida, posee mi alma
porque iría hasta el Fin de los Tiempos si por ti se trata.
Querido, dime... ¿Cómo... cómo puedo verte, sentirte...?
Te necesito como el respirar...
<< Atesora cada sensación ya que es mi más cultivado poder.
Se sagaz, querida mía, paciente y fuerte, ¿por qué?
Como en aquella playa, durante aquel baile, en aquel lago...
Como siempre, me has recordado
olvidándote de lo demás.>>
- ¿Qué he hecho para tener este regalo en vida?
¿Cómo haces que sienta tanto siendo tan poco?
No me dejes sola en el camino, Demonio Alado,
porque regresaré junto a ti, estarás orgulloso después.
Cántame... hasta que duerma al fin, despertando eternamente contigo.
<< Basta de preguntas, mi universo.
Mi pequeña Estrella, brilla y que todos te admiren,
se fiera y perfecta como Fuego de Luz y Tinieblas que eres.
Sé que volverás, te esperaré.
Hasta entonces... que los Demonios te amparen, mi amor.>>
♫

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sábado, 10 de diciembre de 2011
Destino.
Qué bonito es donde los caminos se unieron
donde dos vidas, otra vez, son compartidas
donde se vislumbran los dos lados,
luz y oscuridad.
Ven, poderoso ángel,
déjame aprender de ti,
déjame llenarme de tu inmenso espíritu,
la ignorancia gano la batalla sin ti.
No me importa si tus alas son doradas,
no me importa si tu alma es de tinieblas,
te admiro de todos modos,
dulce gloria de mi pequeña vida.
No te marches de mi lado, por favor,
quiero quedarme en tu cálida protección,
quiero sentir a mi lado Fantasmas Azulados,
Demonios Alados.
Y ahora si vivo es gracias a ti, ángel de mi ser,
mi gran apoyo desde tiempos que no ves,
bendito sea el momento que se chocaron nuestros sinos;
otra vez.
donde dos vidas, otra vez, son compartidas
donde se vislumbran los dos lados,
luz y oscuridad.
Ven, poderoso ángel,
déjame aprender de ti,
déjame llenarme de tu inmenso espíritu,
la ignorancia gano la batalla sin ti.
No me importa si tus alas son doradas,
no me importa si tu alma es de tinieblas,
te admiro de todos modos,
dulce gloria de mi pequeña vida.
No te marches de mi lado, por favor,
quiero quedarme en tu cálida protección,
quiero sentir a mi lado Fantasmas Azulados,
Demonios Alados.
Y ahora si vivo es gracias a ti, ángel de mi ser,
mi gran apoyo desde tiempos que no ves,
bendito sea el momento que se chocaron nuestros sinos;
otra vez.
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