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lunes, 31 de diciembre de 2012

Adiós 2012. Hola 2013.

¿Reconocidos? ¿Reconocidos entre estos monos de zafarrancho?

Será mejor que pidamos a un ciego que nos ilustre sobre las artes.

Ya tienen sus faldas, sus pasiones rastreras, sus bombas, pistolas y demás jueguecitos vanos.
Están bien entretenidos. Lucifer se ocupó concienzudamente de ello. Él les montó la fiesta. Ni se imaginan lo que hay fuera. Ni siquiera él ha tenido que intervenir.
Cuando uno ha intentado medio entreabrir los ojos de su hermano, lo han devorado.

Si nos ocultamos no nos verán, pero si nos mostramos no nos entederán. Aquí no.

Seguiremos siendo unos más, aunque se demuestre lo contrario.

No vamos a encontrar reconocimiento en esta jungla.



martes, 11 de diciembre de 2012

Bajo máscaras.

Incluso la gente que nos puede parecer más agradable y buena con el prójimo por su popularidad y tener carisma, bajo esa máscara tan arraigada y real no se encuentra otra cosa que una persona corrompida, similar al retrato del famoso Dorian Gray de Óscar Wilde.

Todos tenemos cosas que ocultar pero nuestra verdadera forma de ser es en lo único que podremos destacar sin igual. ¿Somos acaso distintos actuando junto al más influyente, popular y carismático de todo un grupo social? Solamente nos tacharan con un complemento en nuestro propio nombre de la otra persona a la que seguimos.

La preposición "de" indica posesión, y subordinación en el peor de los casos. Siento decir que éste, es uno de ellos.

Fielmente, un alma libre y sin mancha.

Ecaterina Morgenstern; Alemania, 1944.



viernes, 26 de octubre de 2012

To hell with the Devil.

Verdad relativa luchando por sobrevivir,
corazón de pecado, pecando por mentir,
mentira de mi alma para ti.

Mente que recuerda olvidándose de sentir,
cuerpo que cae al arte de sucumbir,
alma extraviada sin camino que seguir.

Ángel que se permite persuadir,
demonio sin compromiso que cumplir,
dios caprichoso que no hace más que fingir.

Princesa frágil y fácil de transgredir,
reina de hielo y decadencia difícil de abatir,
diosa de los mil mundos, imposible de conseguir.



sábado, 6 de octubre de 2012

Ironía socrática.

"Sólo sé que nada sé."

La ignorancia es el primer paso para conocer la verdad, pero al igual que defiende su discípulo Platón, no todos pueden conocerla.
¿Por qué?
Hay sujetos que aún teniendo esa ignorancia y mostrarles la verdad, siguen siendo igual de incompetentes. O más. Sí, eso es. Aún sabiendo cual es la verdad la desplazan y la niegan acurrucándose entre las mantas más acogedoras de la ignorancia.
¿No me creéis? Os mostraré la ignorancia que mi persona conoció.
Situaros en el contexto histórico-filosófico. Fue un "elegido" a quien la verdad del mundo de las ideas, eterno e inmortal, se le presentó. Finalmente, aborreció la verdadera Verdad, la belleza, el bien y la virtud del alma. Huyó asustado de no poder ser más el ignorante que siempre quiso ser, negando todo cuanto había visto, probado y vivido.
Su lema era "Los cobardes jamás serán felices."
Y la felicidad, amigos de Aristóteles, es un modo de vida, la verdadera meta del ser humano. ¿Qué hará este pobre hijo de Dios cuando se de cuenta de que no ha conseguido nada de lo que, mil veces, se había propuesto?

Yo tengo otra filosofía y no es por nihilismo o prepotencia como algunos mencionan, es por pura lógica aplastante y racional de nuestro amigo el Ser Humano.

Con el tiempo se aprende a ignorar lo que ya de de por si, es ignorante.

lunes, 16 de julio de 2012

Más hermosa que una rosa azul.

Mi Dama Azul, tú que eres Madre de todos, Madre de un Hombre Divinizado que la cruel humanidad hizo que muriera en tus brazos, entrégame hoy y ahora un beso en esta frente, un abrazo en este pecho con un corazón que late, siente y duele, Querida Hermana.

Me inclino como uno más ante ti pero mírame con ojos sabios, Mi Señora, porque de tu linaje vengo, porque de Sangre Azul ambas somos. Haz que el mundo respete al Mundo como tantos servidores te alaban a cantos, como tantas mujeres siguen tus pasos para ser acogidas en el seno de tu Señor. Tan cercana como Hermana Mía que eres, vigila mis pasos, Gemela Mía, haz que nos acunemos en tu gloria; que tus lágrimas de sangre hagan sombra a las más hermosas rosas y tu oscuro cabello sumerja al mundo en un caos que los haga redimir de su propio ser.

Como las costumbres mandan y los tiempos lo ordenan, sé que no hace falta nada material para tu honra porque tus ojos bendicen mi interior meciendo mi corazón al ritmo de besos de consuelo en mi mejilla.

Como respeto de amor, cariño, afecto, respeto y adoración, te dejo esta Rosa Azul como alguien me enseñó hace mucho tiempo.

"Orgullosa de llevar tu nombre; María"



martes, 26 de junio de 2012

Paloma blanca, cuervo negro.

La paloma blanca extenderá sus alas para volar
y la luz entre sus alas traerá la libertad,
mientras el cuervo negro la sigue sin cesar
y las sombras dan su anuncio a la oscuridad.

Un ángel blanco siente y se enamora,
benditas sus celestiales alas.
Un ángel oscuro también llora,
regalo traído por los Dioses sus lágrimas.

La paloma blanca vuela arriba, entre cielos
contemplando entre árboles, ciudades,
mientras el cuervo negro se oculta entre todos,
observando a su bella luz entre las noches.

Para mi asombro, bello ángel
más te sueñan los ojos ciegos
mientras menos te encuentran
los corazones perdidos y ahogados.

Mas aún así, el cielo tronando
y las nubes llorando;
la vida no se permite parar
así como la paloma blanca en manos del cuervo negro va a quedar.




sábado, 26 de mayo de 2012

Anexo; Regina.

Tic...tac, tic...tac. Un hermoso reloj dorado viejo sonando sobre una enorme cómoda repleta de pequeños compartimentos; haciendo su trabajo de forma espléndida: las agujas rompiendo el silencio, confiriendo tiempo en aquel cuarto tan concreto y al mismo tiempo tan oculto entre oscuras dimensiones.
La Reina reposaba envuelta en sábanas de un color oscuro pero intensamente profundo, eran de satén; mientras decenas de almohadones mullidos de blancas plumas estaban distribuidos a lo largo y ancho de la descomunal cama. Respiraba plácidamente boca arriba sonriendo perdida en sus sueños, prácticamente desnuda, solo un fino camisón grisáceo estaba adherido a su perfecto cuerpo. Su terso pelo levemente ondulado, se movía al compás de su aspiración, sosegada.

Su manso y plácido reposo se vio interrumpido por el frío viento del exterior y la cálida luz dorada del sol incidiendo sobre sus ojos del mismo color, una ventana abierta.
Regina incorporándose sobre el colchón, observaba con ceño fruncido el ventanal abierto de par en par. Con un suspiro de escalofriante paciencia, se levantó y caminando con pasos siempre medidos y con ritmo mudo, cerró la cristalera.

La pequeña pero impresionante Princesita se desperezaba como la más felina de las gatas cuando notó por su clavícula una sensación muy conocida para ella: el mimo helado del borde de un puñal. Rió, complacida y entretenida revelando el blanco puro de sus incisivos a la atmósfera de su cuarto. Con una velocidad propia de alguien como ella, terminó sobre su lecho, arrojada por dos fuertes manos de hombre hasta el lugar donde se encontraba, su cama.
Izó la áurea mirada, aún con su sonrisa en las comisuras de los labios, descubriendo a su destacado compañero siempre leal y protegiendo (o agrediendo) sus espaldas.
El hombre, con varios años más que ella, se aproximaba hacia la orilla de la cama de la Reina, con sus ojos anaranjados gozosos y entusiasmados, sobre los que no caía ni un mísero cabello dorado brillante y grisáceo; reflejando los mismos rayos de oro que emitía el sol y posteriormente los ojos de la muchacha.

Mientras su querido amante hablaba de trabajo (que no la interesaba ni lo más mínimo en esos instantes), paseaba y hacía danzar su brillante daga sobre el níveo cuerpo de la Reina. Ella entrecerraba los ojos agradada por el tacto y la tensión de una posible lesión por corte, estudiando al tiempo al hombre: enteramente de negro, elegante, atractivo y refinado a excepción de su escotada camiseta en punta, granate, que mostraba el color nevado y albino de su piel dura, suave, acogedora de su cálido pecho. Cuando la Reina deseo con todas sus fuerzas ver su rostro y sus impresionantes ojos, él bajaba por su costado besándola de forma cariñosa, agradable... Pero la Reina, no complacida, realizó uno de tantos movimientos perfectos: ambos estaban de pie, cerca del borde del colchón, amenazándose mutuamente.

Regina tenía divinamente sostenida una pistola negra, con brillo intenso granate como toque personal de la cual sólo ella conocía su escondite; contra la sien de su querido amigo. Al mismo tiempo y en el segundo exacto, el hombre rubio presionaba la punta de su daga bajo la elegante barbilla de la Reina; ambos cerca, muy cerca, oliéndose, sintiendo sus corazones acelerarse mientras se les dibujaban sonrisas escalofriantemente atractivas... cómplices.
Con la risa de Regina, se mezcló el sonido del metal de una daga contra el mármol del suelo, el olor a pólvora de un disparo que acabó en la pared, causado por un arma de fuego al caer. Ambos cuerpos estaban pegados, ambas bocas estaban conectadas, ambas lenguas estaban jugando... sin cesar; mientras el cuerpo de la Reina reposaba boca arriba en su cama, con su fiel compañero Dorado sobre ella, besándola de la forma más inhumana jamás inimaginable...

Entre los intrincados y enredados besos en su cuello, Regina gemía con levedad mientras sonreía tremendamente divertida, sintiendo el peligro, excitación y locura más cercana y persistente cuando su pierna izquierda fue doblada, su camisón completamente subido y su blanco y suave muslo interior presionado contra la cadera del hombre...

A pesar de tanto poder, de tanta belleza en un cuerpo humano que ni por asomo lo es, a la Reina le falta algo tan esencial como cariño, afecto, amor. Aún con pequeñas lágrimas en sus mejillas, su fiel compañero Dorado la besó con ternura esas gotas de agua pura y salada, levantándose de su cama, acicalándose con un elegante traje enteramente de seda blanca, albina y suave como él. Regina cayó en la cuenta de que el Diablo, aunque se vista de seda, no tiene porque pertenecer exclusivamente a las tinieblas.

La Reina cerró sus bellos ojos al mundo y solo se escuchó silencio.
Aquel precioso reloj dorado de la enorme cómoda dejó de marcar la hora, el tiempo ya no existía en su alcoba.
Las agujas yacían derretidas sobre la cómoda.